Rosabetty Muñoz escribe una reseña de «Taguada»

La poeta chilena leyó Taguada y publicó esta reseña en «El insular»

Publicado originalmente en https://elinsular.cl/2025/03/19/taguada-la-hermosa-forma-de-su-hablar/

Empiezo a leer Taguada de Andrés Montero, recién editado en este marzo de 2005 por Pollera Editores, aunque su primera versión circuló en 2019. Lo primero es constatar la fe en las palabras que despliega el autor desde las primeras páginas, impulso vital que es el centro de esta ¿novela?

La historia central rodea el duelo verbal del indio Taguada con un “pije” Javier de la Rosa en un Chile lejano, perdido en los finales del siglo XIX, principios del XX. El enfrentamiento entre los payadores habría durado cuatro días seguidos con sus respectivas noches dando como ganador – una vez más, como se afirma en el relato – al rico provocando que el mulato se suicide porque le ha sido arrebatado el honor, lo único que tenía: su potencia verbal que nunca había sido vencida.

No es una novela cualquiera para mí, sigo emocionada el relato porque trata asuntos que también me interesan muchísimo: el poder de las palabras y cómo es en ellas donde hemos fundado una forma de ser, un modo de habitar el mundo. El autor deja hablar a los distintos testigos (aunque sea de lejanas oídas o incluso negadores de la historia) y en la textura de sus hablamientos (como se dice en Chiloé) uno va rastreando, conociendo, palpando el tono de los campos en la zona central del país.

Al principio del libro, nos encontramos con una visita al poeta Nicanor Parra, de entonces 96 años, que ahonda en una afirmación que le he escuchado a otro poeta Raúl Zurita cuando preguntan por qué hay tanta poesía en Chile, ambos hacen referencia a Ercilla y La Araucana. Antes de ser un país, fuimos poesía. En este encuentro Nicanor Parra acusa a Ercilla “nos jodió para siempre. Chile tiene sus raíces en una poesía combativa” a continuación cuenta también que escuchó la historia de Taguada en boca de su abuelo y que, desde entonces, piensa en hacer / reescribir la versión de ese duelo. Ésta y otras hilachas, llevan al narrador a una intensa búsqueda del texto original, pero, como se trata del territorio de lo oral, la huella se difumina, se confunde.

Es apasionante cómo el relato va avanzando mientras retrocede hasta el fogón que da origen al mito. El fuego que alimenta todo relato, las voces desplegando una magia que atraviesa siglos. Aunque parezca olvidado, incluso desaparecido, el mito está ahí como el corazón palpitante de la historia, que nos acerca a quienes somos y nos da elementos para entender. En este caso, tan vivo aún el viejo duelo que sigue – dolorosamente – perdiendo, el peón frente al poderoso, al rico.

Todo sucede en la palabra, en la poesía. Y allí permanece, como una reserva de sentido.

Tags :
Facebook
WhatsApp
LinkedIn
Email

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *